El síndrome del impostor

Te voy a ser sincero desde YA: el síndrome del impostor no desaparece nunca. Cuando empecé, pensaba que sería pasajero y que algún día se esfumaría con un chasquido de dedos. Iluso.

Ten presente siempre que no importa el tiempo que lleves en tu profesión, los casos de éxito que hayas conseguido, los clientes que tengas o las opiniones positivas, habrá veces que sentirás que eres un fraude, y eso nos pasa a todos.
“¿Y si este mundo me queda grande?”, ¿y si en realidad esto no se me da bien?”, “¿y si me equivoco y fracaso?”, “¿y si me ven como un fraude?”, “IMPOSTOR”.

No sabes cuántas veces han resonado estas palabras en mi cabeza. Y me han atormentado. Y han intentado derrumbar todo lo que estaba construyendo. Y me han hecho creer que no puedo.

Pero hace poco me di cuenta: siempre van a estar ahí. Así que tengo que aprender a (con)vivir con ellas. Porque, ya te digo ahora que si hubiese escuchado esas palabras y me las hubiese creído, ahora no estaría aquí escribiendo esto (ni tu leyéndolo). Y sería una pena, ¿a que sí?

Y además, con el paso de los meses, he descubierto que hasta estos monstruos tienen una parte bonita. Suena muy paradójico, lo sé, pero es verdad. Porque “gracias” a ellos me esfuerzo al máximo siempre, sé que tengo que seguir aprendiendo, acepto mis errores y los veo como un aprendizaje y soy consciente de que no soy el mejor en todo y, eh, no pasa absolutamente nada. E igual que lo he aprendido yo, tú también puedes.

Nadie es un diez en todo, y tú no eres una excepción. Métete esa frase en la cabeza y tenla siempre presente. Pero no olvides que no ser el mejor no es malo, es normal. Sino, mírame a mí. ¿Crees que no me he equivocado? Aquí te equivocas tú. Obviamente he metido la pata más de una vez y de dos y de tres. He dicho que sí a gente a la que tendría que haberle dicho que no, he infravalorado mi trabajo, he caído en el “es que estoy empezando” e incluso una vez pensé en tirar la toalla, menos mal que mis ganas y mi valor pudieron más que mis miedos.

Así que, después de esta minichapa, te dejo aquí mi pequeño gran consejito: NO TE SUBESTIMES. Quiérete y valora tu trabajo y tu tiempo. Si tienes que decir “no” a un cliente porque crees que ese trabajo no te aporta nada, dilo; si tienes que subir el precio de tus servicios porque te piden más o, sencillamente porque lo que aportas tiene un valor más alto, súbelo; si tienes un plan que puede triunfar, lánzalo; si tienes dudas, pregúntalas; si tienes miedo, es normal, hazlo, pero con miedo.

Y recuerda: “nunca serás un fraude si eres tu mejor versión”.

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